No los he contado, pero creo que durante toda mi vida he tenido más de 50 profesores, de éstos, menos del 10% lo eran realmente, eran basura. Un profesor de verdad está motivado, tiene afán por transmitir y enseñar, darlo todo de sí mismo. Aún pudiendo ganarse la vida de otra manera ganando más dinero, se mantiene ahí, pensando que ése es su lugar, formando otros jóvenes para que estos puedan llegar aún más lejos.
El panorama que hay nos dice que actualmente el mayor índice de suicidios y depresiones por profesiones, se centra en ésta, la enseñanza. Y yo te diré porqué, porque es la salida fácil de cualquier cosa, sacarse la carrera y hacer las oposiciones para conseguir ese gran título, Funcionario.
Aún me gusta preguntarle a la gente qué quiere ser de mayor, aunque ya esté crecidita, más de uno me contesta que quiere ser funcionario, dándoles igual el trabajo, sólo trabajar para el estado teniendo un puesto y un sueldo para toda la vida cerquita de casa.
Una vez conseguido, ya está, ya tienes excusa para pegarte la vidorra y no hacer nada, no te van a echar, ha sido difícil llegar hasta ahí mientras un obrero no ha hecho nada en toda su vida. Parece mentira, pero estos han sido los argumentos que me han dado muchas personas defendiendo la posición de los funcionarios, se lo merecen que es difícil aprobar unas oposiciones.
Cuando les dije a mis padres que quería hacer Bellas Artes, lo único que me preguntaron fue si de eso podía ser funcionaria de algo, y es que se ha convertido en el sueño de cualquier español.
Nada de astronautas, veterinarios, bomberos o policías, lo que se quiere es tocarse los huevos.
No me quejo de los funcionarios, me quejo de la gente que se aprovecha de ello y tengan que pagarlo el resto del mundo. Estoy harta de los profesores que no asisten en semanas a clase por bajas de depresión, que no expliquen o que lo único que se dedican a hacer es desmotivar al personal a insultos y malos modales.
Ya no odio sólo a esos, sino también a las enfermeras que no atienden porque están ocupadas fumando a escondidas en los lavabos de los hospitales, policías que se esperan a último día del mes a parar a todos los niñatos con motitos y pedirle hasta el más mínimo papel para conseguir las denuncias mínimas y llenar el cupo.
Paralelamente, mi padre y el gran resto del mundo mundial tiene que darlo todo e ir enfermo a trabajar porque se juega un puesto, no puede permitirse ninguna baja de depresión porque le echan del trabajo muertos de risa y el descojone.